¡La que habéis liado, pollitos! #4 (Conclusiones)

Hasta ahora hemos hablado de diferentes cuestiones que entraban en juego en el caso PewDiePie vs. Campo Santo, a saber: la doctrina del fair use, las licencias de explotación, el abuso de derecho o la libertad de expresión. Ahora bien, ¿qué conclusiones sacamos de todo esto y qué consejos prácticos podemos derivar de todo lo visto?

Para los desarrolladores…

El ejemplo de Campo Santo debiera servir como paradigma de lo que no se debe hacer a la hora de gestionar una situación de crisis. La crisis puede derivar de un cabreo monumental (como ha sucedido con Sean Vanaman) o de un daño reputacional real.

Cuando la crisis o la disputa llegue, siempre se le va a exigir un plus de profesionalidad, sosiego y buen hacer al lado desarrollador/publisher de la industria, porque, por injusto que pueda parecer (PewDiePie genera más dinero que cualquier estudio independiente), la apariencia corporativa va a dificultar la empatía en muchos casos.

Por esto, además de respirar hondo, habrán de valorarse soluciones intermedias que permitan explicar las posturas adoptadas y, sobre todo, no quedar como los malos de la película.

En nuestro caso, Campo Santo podría perfectamente haber hecho llegar un aviso a PewDiePie en el que se le otorgara un plazo razonable para retirar el video de YouTube, antes de iniciar ningún tipo de acción. Ese aviso podría haberse hecho público por medios que permitieran adjuntar un comunicado completo, en el que de forma pausada se explicara la postura (revistas especializadas on-line tipo IGN, Gamasutra, GamesIndustry, etc.). Si quisieran asegurarse la inmediata difusión, podrían sencillamente enlazarse esas publicaciones en Twitter.

Desde luego, serían totalmente descartables la mayoría de las cosas que ha hecho Campo Santo:

No avisar al implicado en primer lugar. No dar un plazo adecuado para eliminar el contenido. No explicar la postura de una forma profesional, sino meramente visceral. Producir un daño innecesario a la otra parte, lo que merma mucho la credibilidad en la disputa. Animar a otros desarrolladores a seguir su mal ejemplo.

¿Actuando de la forma que aquí señalamos hubiese evitado Campo Santo las demoledoras críticas y el “review bombing” de Firewatch?

Quizá no todas; quizá no del todo. Pero seguramente hubiesen podido tomar parte en la polémica y mostrar su postura sin sufrir tantísimo el efecto rebote.

¿Es justo que, mientras PewDiePie, que factura en torno a 15 millones de dólares, pueda decir prácticamente cualquier cosa en directo, una desarrolladora no pueda “equivocarse” en cómo ejercita lo que son sus derechos de propiedad intelectual como medio en la toma de posiciones?

En mi opinión, no lo es.

PewDiePie es un profesional que trabaja en un medio muy concreto y muy moderno, que se concibe de una forma particular y que precisamente gusta a la mayoría por la libertad que los contenidos han encontrado en internet. ¡Tres hurras por internet!

Sin embargo, independientemente de lo anterior, PewDiePie es una superestrella, con una legión de seguidores (muchos de ellos preadolescentes) que lo toman como ejemplo y, como tal, ha de asumir una serie de responsabilidades asociadas a su posición.

¿Os imagináis un presidente de los Estados Unidos de América que fuera haciendo comentarios racistas, machistas o, en general, xenófobos? En fin…

¯\_(ツ)_/¯

Para los youtubers, streamers y demás creadores de contenido…

Antes de nada, es importante decir que, por sonada que haya sido esta controversia, no tiene lógica que vaya a alterar en exceso el statu quo de las relaciones entre publishers y youtubers (más allá de cambios en las políticas de directos de Nintendo).

No hay un riesgo real para el resto de youtubers o streamers, primero, porque no hay otro youtuber con el peso específico de PewDiePie y, segundo, porque a los publishers no les interesa llevar a cabo este tipo de acciones desde un punto de vista comercial, y menos haciéndolo tan mal como Campo Santo.

Dicho esto, existen una serie de cosas que como youtubers podéis hacer para minimizar el riesgo de que vuestro medio de vida se esfume en 1… 2… 3… ¡Strikes!

Comprobad la licencia del juego del que pretendéis hacer un video o un directo. La mayoría de los desarrolladores la incluyen es su sitio web. Lleva unos pocos minutos verificar las condiciones en las que vais a trabajar.

Si tenéis un número de seguidores importante, intentad pactar unas condiciones bilaterales con los publishers. Es evidente que, si subes muchos juegos distintos, no es operativo llevar a cabo negociaciones con todos los titulares de esos derechos de propiedad intelectual, ya que supondría un retraso enorme. Esto está pensado para aquellos títulos a los que se juegue de forma recurrente, normalmente haciendo directos que luego se suben al canal de YouTube (CS:GO, PUBG, Minecraft…).

¿Qué acuerdo podríais intentar obtener? Al menos uno por el cual, antes de llevar a cabo una retirada de la licencia de explotación de forma unilateral, se os otorgue un plazo de preaviso para que podáis retirar voluntariamente el contenido de YouTube. ¿Es mucho pedir? De nuevo, esto podría funcionar para el caso en que tuvierais un gran número de suscriptores. Por otro lado, es a partir de que tienes un gran número de suscriptores y YouTube es tu medio de vida, que te puede interesar protegerte. Lógico, ¿no?

Diversificad. YouTube, aunque el principal, no es el único medio a través del cual llegar a los seguidores. Estar presente sólo en un medio te expone a desaparecer de la faz del planeta digital en 3 sencillos strikes, por ejemplo, porque a un desarrollador cualquiera le ha disgustado la opinión que has dado de su juego tras 3 let’s plays subidos a tú canal.

Cerramos el círculo…

Hasta aquí el análisis de las cuestiones jurídicas en torno al caso PewDiePie vs. Campo Santo. Muchos conceptos, muchas líneas y mucho sobre lo que opinar. Y es que, madre mía…

…la que habéis liado, pollitos.

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