¡La que habéis liado, pollitos! #2 (Licencia para grabar)

Continuamos desmenuzando los diferentes aspectos jurídicos que el caso PewDiePie vs. Campo Santo ha puesto de actualidad. En esta entrada analizaremos la práctica común de muchos publishers consistente en habilitar los Let’s Play mediante licencias genéricas de explotación.

En la entrada anterior hemos dejado claro que el supuesto del Let’s Play no queda cubierto por la doctrina del Fair Use estadounidense. También hicimos referencia a que no encajaría en ninguno de los supuestos que la Ley de Propiedad Intelectual española recoge para habilitar un uso sin autorización de contenido protegido.

Por lo tanto, los Let’s Play son actos de comunicación pública y transformación y, como tales, habrán de considerarse una infracción de derechos de autor sancionada por la Ley, cuando no se tenga autorización del titular de los derechos.

Ahora bien, conscientes de la importancia que para la industria del videojuego tiene la publicidad que los títulos obtienen a través de los youtubers, la mayoría de los publishers invitan a los jugadores a grabarse jugando o realizar directos y difundir sus juegos por la red, y lo hacen facilitándoles licencias de explotación genéricas que incluyen en sus sitios web, de modo que lo que era un acto ilícito, mediante un simple texto en la página web, pasa a estar autorizado y se convierte en perfectamente legal. Además, esta autorización se produce de forma masiva y unilateral. Cada publisher articula esta licencia de forma particular, por lo que enunciaremos algunas características de las licencias que suelen estar presentes en todas ellas (aunque esto puede variar):

-La autorización se condiciona a la no utilización con fines comerciales. ¿No significa esto que, entonces, aquellos canales de YouTube que estén monetizando su contenido no estarían cubiertos por esta licencia y sus gameplays serían ilícitos?

-No, la mayoría de las licencias permiten de forma expresa la monetización a través de determinados sitios concretos con programas de partnership (entre los que se incluye YouTube). Tenemos como ejemplo la licencia de Blizzard. En el caso de Ubisoft, directamente nos encontramos con una “Ubisoft policy on YouTube videos” (Política de Ubisoft sobre los videos de Youtube). Por lo tanto, no sería lícito obtener un rendimiento económico fuera de esos canales.

-Lo que es común es que los publishers no consientan que el creador del gameplay o la web en que éste se aloje cobren al espectador por acceder al contenido. Por lo tanto, lo importante aquí es el que el usuario final tenga gratis el contenido; “que PewDiePie y Youtube luego arreglen sus cuentas como su acuerdo de partnership establezca…”

-¿Entonces… Twitch? Por lo visto, Twitch tiene suscritos acuerdos privados con un gran número de publishers que le permiten salvar la prohibición anterior y cobrar por las suscripciones. No olvidemos que como titulares de los derechos de explotación los publishers pueden firmar este tipo de contratos bilaterales más allá de las licencias genéricas para todos los gamers. El enorme peso de Twitch le permite plantear ese modelo y obtener dichos acuerdos.

Parece que ya nos hemos ubicado un poquito y que todo tiene un sentido. Entonces ¿qué diablos ha pasado con PewDiePie y Campo Santo?

Lo que ha sucedido es bien sencillo: Sean Vanaman ha perdido la paciencia y considera que un personaje con tan poca altura como ha demostrado tener PewDiePie daña la imagen de la industria y, por extensión, la suya y la de su estudio. Así que, sin pensarlo demasiado (o nada), Vanaman le ha tirado a la cabeza lo primero que tenía en la mano.

Inciso importante: no comparto la forma en la que Campo Santo ha manejado esta situación, pero puedo entender el sentimiento de frustración. Hablamos de la industria del entretenimiento con mayor crecimiento y proyección en términos económicos y, sin embargo, la del videojuego sigue siendo la más dura e injustamente tratada tanto a nivel social como desde los poderes públicos, incluso hoy en día.

Como ejemplo, cuando en 2012 se produjo la masacre de la Escuela Primaria de Sandy Hook (Connecticut), el vicepresidente de los Estados Unidos de America, Joe Biden, decidió que ya era hora de reunirse con los representantes de la industria del videojuego para hablar sobre la violencia armada en los videojuegos.

Ese es el nivel, amig@s.

Por lo tanto, entiendo que desde la industria no se quiera que uno de sus estandartes vaya por ahí diciendo cosas racistas o antisemitas.

Dicho lo anterior, lo que aquí ha sucedido es que, con un tweet, Campo Santo revoca la licencia genérica de su página web a PewDiePie. Desde ese mismo instante el hecho de tener en su canal de YouTube un video en el que se juega a FireWatch supone una infracción de los derechos de propiedad intelectual de Campo Santo.

Las preguntas que han surgido automáticamente son las siguientes:

¿Puede Campos Santo hacer esto? ¿Puede retirar la licencia a una única persona y mantenerla para el resto de los jugadores del planeta?

Por supuesto que . Como antes decíamos, estas licencias son otorgadas por los publishers de forma unilateral. Estas licencias no son contratos suscritos por dos partes en los que rigen unas condiciones de revocación (por ejemplo, te retiro la licencia si tú no cumples con tu parte y me pagas los royalties acordados).

Por lo demás, y tal como nos cuenta Ryan Morrison, en EE. UU, toda licencia que no especifique su irrevocabilidad o las condiciones de la misma es, por defecto, revocable.

En definitiva, “lo que Campo Santo te da, Campo Santo te lo quita”.

Pero… los videos de PewDiePie jugando a FireWatch tenían al menos dos años en el canal. Al presentar el “DMCA takedown” y conseguir el “strike” de YouTube, ¿no está Campo Santo revocando la licencia de forma retroactiva?

No. Campos Santo no demanda por el tiempo en que el contenido ha estado disponible en YouTube desde su creación, sino por el tiempo transcurrido desde la retirada de la licencia.

El contenido ha sido lícito durante dos años y, por lo que se refiere a esos dos años, sigue y seguirá siendo perfectamente lícito. El contenido es ilícito desde el momento en que se produce la revocación y de ahí en adelante. Esto es así porque, desde la revocación de la licencia en adelante, el hecho de estar alojado ese contenido en YouTube sin tener autorización (ha sido revocada) supone una infracción, ya que esto no deja de ser un acto de comunicación pública no autorizado.

Si antes decíamos que la inclusión de un texto en un sitio web convertía lo ilícito en lícito, la exclusión de PewDiePie de la aplicación de ese texto obra el efecto contrario.

Por lo tanto, en estrictos términos de IP (propiedad intelectual) lo que ha hecho Campo Santo es perfectamente legal. En cualquier caso, como no es probable que PewDiePie demande a Campo Santo ante los tribunales, nos quedaremos con las ganas de saber qué opina un Juez de los Estados Unidos de América.

En el siguiente artículo hablaremos de si esta conducta de Campo Santo supone o no un abuso de derecho o si incluso, como han querido exponer algunos, atenta contra la libertad de expresión.

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